Los dos principales tipos de carcinoma
El carcinoma basocelular es el más frecuente. Se desarrolla lentamente, de forma local, y solo excepcionalmente produce metástasis. Su tratamiento es ante todo quirúrgico.
El carcinoma epidermoide (espinocelular) es más raro y puede, en algunos casos, extenderse más allá de la piel. Su exéresis obedece a márgenes más estrictos y justifica una vigilancia más estrecha.
El tipo exacto, a menudo sospechado por el dermatólogo y a veces confirmado por una biopsia previa, condiciona los márgenes de exéresis y el seguimiento.
El principio: una exéresis con márgenes de seguridad
El objetivo de la intervención es extirpar la totalidad de la lesión con un margen de tejido sano alrededor, definido según las recomendaciones vigentes en función del tipo de carcinoma, de su tamaño y de su localización.
La pieza extirpada se envía sistemáticamente al laboratorio de anatomía patológica. El análisis confirma el diagnóstico y verifica que los márgenes estén sanos. Si no lo están, puede ser necesaria una reintervención quirúrgica: es una situación prevista, que forma parte de la lógica de seguridad de este tratamiento.
La reconstrucción
Según el tamaño de la lesión y su localización — en particular en el rostro —, el cierre puede realizarse:
mediante sutura directa, la solución más sencilla cuando la piel lo permite;
mediante plastia local (colgajo): la piel vecina se moviliza para cubrir la pérdida de sustancia respetando las unidades estéticas del rostro;
mediante injerto de piel, tomado de una zona discreta, cuando la pérdida de sustancia no puede cerrarse de otro modo.
Es ahí donde la experiencia del cirujano plástico adquiere todo su sentido: tratar completamente la lesión preservando al máximo la apariencia, especialmente en el rostro.
El desarrollo de la intervención
Previamente: consulta con el informe de su dermatólogo (y la biopsia, si se ha realizado), examen de la lesión, información sobre los márgenes previstos y el modo de reconstrucción.
La intervención se realiza la mayoría de las veces bajo anestesia local, en régimen ambulatorio. Puede plantearse una anestesia más profunda según la localización y la extensión.
La duración varía de 30 minutos a más de una hora según la reconstrucción necesaria.
Postoperatorio y cicatrización
El postoperatorio es generalmente sencillo: curas durante una o dos semanas, puntos retirados o reabsorbibles según la zona, molestias moderadas. La cicatriz evoluciona durante varios meses y se atenúa progresivamente; una protección solar rigurosa de la zona es indispensable durante el primer año. En caso de cicatriz molesta pasado un tiempo, pueden plantearse una revisión de cicatriz o un tratamiento láser.
El seguimiento
Tras un carcinoma, se recomienda una vigilancia dermatológica regular: la piel que ha desarrollado un primer carcinoma puede desarrollar otros. La autovigilancia (toda lesión nueva, que cambia, sangra o no cicatriza debe motivar una consulta) y la fotoprotección son sus dos pilares.
